La revelación divina en la Biblia y en el evangelio transforma nuestra manera de ver y entender el mundo. Sin Dios, nuestra percepción de la realidad se limita a lo que experimentamos con nuestros sentidos, lo que a su vez nos lleva a interpretar la vida desde perspectivas estrechas y sesgadas. Pero cuando acogemos la revelación de Dios se nos abre un horizonte mucho más amplio. El evangelio no solo nos revela la naturaleza de Dios, sino que también nos ilustra sobre lo que es bueno, justo y verdadero en medio de un mundo lleno de relativismo y confusión. Por eso el autor sagrado sostiene que: “Los malvados nada entienden de la justicia; los que buscan al SEÑOR lo entienden todo” (Proverbios 28:5), afirmando, entonces, que la verdadera comprensión de la justicia, la moralidad y la vida misma solo puede alcanzarse cuando estamos dispuestos a tomar en consideración con la seriedad debida el conocimiento y la voluntad de Dios. Los que buscan a Dios obtienen una sabiduría espiritual que abarca todos los aspectos de la vida. Este entendimiento no es superficial, sino transformador, porque proviene de una relación genuina con Aquel que es la fuente de toda verdad. Tener en cuenta a Dios y Su revelación no solo amplia nuestra comprensión de la moralidad, la justicia y la verdad, sino que también da sentido a nuestra existencia. La realidad, antes fragmentada y confusa, se ordena y estructura bajo la luz de Su palabra, y aprendemos a ver la vida desde Su perspectiva. Y sólo en este contexto podemos entender lo que realmente es importante
Nada entienden de la justicia
"Tener en cuenta a Dios con la seriedad del caso acogiendo su revelación en el evangelio amplía drásticamente nuestro entendimiento de la realidad”






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