Continuando con el amor romántico tal como se manifiesta en el Cantar de los Cantares y habiendo señalado ya sus peligros, hemos de señalar por igual sus bondades desde el punto de vista espiritual en lo que concierne a la relación del creyente con Dios, pues como lo dice también C. S. Lewis, sus peligros y su volatibilidad no obran en contra de su grandeza y, si bien puede inclinar al mal, también puede inclinar al bien. Así, Lewis balancea sus advertencias exaltando a su vez sus aspectos didácticos y constructivos, pues: “… tampoco debemos ignorar o intentar negar su calidad cuasidivina… En él hay una cercanía real a Dios (por semejanza); pero no, como consecuencia necesaria, una cercanía de aproximación”. Pero esa cercanía por semejanza, aprovechada de manera correcta y consciente, puede llegar a ser también cercanía de aproximación a Dios, ya que: “El eros, venerado hasta donde lo permite el amor a Dios y la caridad al prójimo, puede llegar a ser para nosotros un medio de aproximación. Su compromiso total es un paradigma o ejemplo, inherente a nuestra naturaleza del amor que deberíamos profesar a Dios y al hombre… así, el eros da contenido a la palabra «caridad»”, convirtiéndose en un símbolo de la unión a la que está llamada la relación entre el creyente y Dios en lo que se designa como “comunión”, como lo ilustra una vez más Cantares: “Yo soy de mi amado y mi amado es mío…” (Cantares 6:3). El eros nos permite así experimentar un reflejo imperfecto de la relación perfecta que los cristianos buscan y tendrán un día con Dios
Yo soy de mi amado
"El amor romántico establece una unidad y mutua pertenencia entre los amantes que anuncia y anticipa la unión y pertenencia del creyente con Dios”






Deja tu comentario