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Somos Su pueblo, ovejas de Su prado

"Cuando exclamamos ¡Dios mío! estamos diciendo que Dios es nuestro dueño por partida doble: por derecho de creación y por derecho de redención”

La en muchos casos espontánea expresión “Dios mío” es, en realidad, una expresión de mucho cuidado, compromiso y alcance, pues es una expresión de propiedad en dos sentidos diferentes y muy particulares. En primer lugar, da a entender que Dios es el único Ser a quien de manera consciente, voluntaria y convencida reconocemos como tal y Aquel a quien elegimos de modo resuelto y rendido para brindarle nuestra lealtad exclusiva y solitaria, es decir que esta lealtad es de una clase única, pues se halla por encima de cualquier otra lealtad que nos obligue en este mundo y que queda, por tanto, subordinada a aquella. Y en segundo lugar, indica que reconocemos también el derecho de propiedad que Dios tiene y ejerce sobre nosotros y sobre nuestras vidas por partida doble. En primer lugar, por derecho de creación, como lo afirma el salmista: “Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo y somos suyos. Somos su pueblo, ovejas de su prado” (Salmo 100:3), confiriéndole así a Dios la condición exclusiva de Creador que no comparte con ninguna de sus criaturas, que podemos ser creativas en el sentido de hacer cosas nuevas, a veces muy elaboradas, complejas y deslumbrantes como las que muestra la cultura humana, incorporando importantes valores agregados a los insumos que la naturaleza nos ofrece para transformarla provechosamente, pero muy lejos de Dios que creó todo lo que existe, incluyéndonos, de la nada. Y también es nuestro dueño por derecho de redención, al pagar con la propia vida de Su Hijo el precio requerido para redimirnos por medio de Cristo

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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