Las reprensiones que las malas acciones merecen tienen también su momento y lugar oportunos y sus formas particulares de hacerse para lograr mayor eficacia en el propósito de ser escuchadas, de modo que logren corregir las acciones del caso. Así, pues, se debe ser sabio y sensible a la hora de formular estas reprensiones, procurando identificar no solo el momento y el lugar apropiados para hacerlas, sino también la clase de persona a quien las vamos a dirigir, pues: “»El que corrige al insolente se gana que lo insulten; el que reprende al malvado se gana su desprecio. No reprendas al insolente, no sea que acabe por odiarte; reprende al sabio y te amará. Instruye al sabio, y se hará más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber” (Proverbios 9:7-9). El carácter ya consolidado de las personas determina, entonces, si vale o no la pena tratar de corregirlos y reprenderlos, pues en el caso de quienes ya se caracterizan por ser malvados e insolentes, las reprensiones y correcciones ya no sirven de mucho, sino que tienen un efecto contrario, pues en vez de lograr la corrección, lo que hacen es despertar las animosidades, odios y desprecios por parte de los malvados e insolentes hacia quienes pretenden corregirlos, por lo que en estos casos es conveniente no reprenderlos sino más bien denunciarlos y dejar que sea el poder de las autoridades respectivas el que se encargue del asunto y enfocar más bien nuestras reprensiones a quienes son susceptibles de recibirlas bien y de ser corregidos por ellas, llegando de este modo a ser verdaderamente sabios y justos
Se gana que lo insulten
"Las reprensiones deben hacerse en su momento, pero también deben tener en cuenta el tipo de persona a las que se dirigen pues no a todos les sientan”






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