El rey David describía de este modo la marcha victoriosa de Dios sobre los enemigos de Su causa, al mejor estilo de las marchas triunfales y apoteósicas de los generales de los imperios de la antigüedad regresando victoriosos de sus campañas militares y siendo recibidos por el pueblo de manera entusiasta: “Cuando tú, Dios y Señor, ascendiste a las alturas, te llevaste contigo a los cautivos; recibiste ofrendas entre los hombres, aun de los rebeldes, para establecer tu morada” (Salmo 68:18). En la epístola a los Efesios Pablo cita este pasaje y lo refiere a la ascensión de Cristo liberando y llevando consigo a todos los que se hallaban cautivos bajo el dominio del enemigo a la espera de su rescate y repartiendo generosamente regalos o dones a Su pueblo: “Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido los dones. Por esto dice: «Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres»” (Efesios 4:7-8). Regalos o dones que no tienen que ver propiamente con las posesiones materiales ꟷaunque a la postre también las incluyaꟷ, sino con los talentos, capacidades y habilidades recibidas de Dios que cada creyente posee en alguna medida para ponerlas a producir en la iglesia y fuera de ella en el ámbito secular para el servicio de los demás, ya sean los dones naturales que nos permiten ser personas productivas, funcionales y útiles en el contexto en que nos desenvolvemos, como los dones sobrenaturales de poder o carismas que el Espíritu Santo otorga de manera discrecional a los miembros de la iglesia
Repartió dones a los hombres
"La ascensión de Cristo fue la apoteósica marcha triunfal del que vence por completo a sus enemigos y reparte generosamente el botín con Su pueblo”






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