La moderación al comer no tiene que ver solo con el cuidado de nuestra salud, sino también con nuestro carácter y el dominio propio sobre nuestros deseos. En un contexto de abundancia es fácil dejarse llevar por los apetitos y los excesos. Sin embargo, la Biblia nos exhorta a la prudencia, la sobriedad y la moderación incluso en tiempos de abundancia. En Proverbios se nos advierte: “Cuando te sientes a comer con un gobernante, fíjate bien en lo que tienes ante ti. Si eres dado a la glotonería, domina tu apetito. No codicies sus manjares, pues tal comida no es más que un engaño” (Proverbios 23:1-3). Debemos, pues, ser conscientes de nuestras motivaciones y deseos cuando estamos en situaciones donde la tentación de comer más de lo necesario puede ser fuerte. La moderación también denota sabiduría y equilibrio emocional y espiritual. Comer en exceso, o dejarse seducir por la abundancia y la riqueza cuando la tenemos en frente, puede terminar extraviándonos. El “engaño” de la comida aquí puede referirse a la falsa satisfacción que creemos encontrar en los placeres materiales. Sin embargo, esa satisfacción es temporal y no llena lo profundo de nuestro ser. La moderación, entonces, es una actitud que nos enseña a valorar lo suficiente, a ser agradecidos y a reconocer que lo que realmente nos satisface no es el exceso, sino el equilibrio, la prudencia y la gratitud. Cuando practicamos la moderación, no solo cuidamos nuestra salud, sino que cultivamos una vida sabia, centrada y libre de la codicia que puede dominarnos en los momentos de abundancia
No codicies sus manjares
"La moderación a la hora de comer no solo tiene que ver con la salud, sino con las actitudes prudentes y sabias cuando somos invitados a hacerlo”






Deja tu comentario