Basada principalmente en Isaías 45:15 que dice: “Y en verdad tú, Dios y salvador de Israel, eres un Dios que se esconde” (RVC), la tradición teológica cristiana se refiere al Deus absconditus o el “Dios escondido” para referirse a la idea de que la naturaleza y los caminos de Dios son ambos misteriosos y están, en muchos aspectos, más allá de la percepción y la comprensión humana y para describir el hecho de que Dios permanezca oculto o cabalmente inaccesible para la mente humana, incluso cuando se revele parcialmente a través de la creación, de las Escrituras o de la experiencia religiosa. Pero esta manera de obrar de Dios con los hombres también es en gran medida un estímulo para la investigación y el desarrollo del pensamiento humano en todos los frentes de la cultura y la satisfacción obtenida con el descubrimiento, tanto el científico, como el filosófico y el teológico, pues Dios así lo ha determinado, como lo leemos en ese pasaje clásico al respecto de Deuteronomio 29:29 que dice: “Lo secreto pertenece al Señor nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley”, en el que está claro que Dios se reserva para Sí mucho más de lo que nos revela de Sí mismo, ya sea porque nos sobrepasa y no lo lograríamos entender o porque sencillamente, en su sabiduría, no lo considera conveniente ni pertinente. Al fin y al cabo: “Gloria de Dios es ocultar un asunto, y gloria de los reyes el investigarlo” (Proverbios 25:2), haciendo de nosotros en el mejor de los casos “doctos ignorantes” y nada más
Lo secreto pertenece al Señor
"Dios se revela en Su Palabra y en Sus manifestaciones en la historia, pero también se oculta para incentivar la investigación y el descubrimiento”






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