La fiesta de Purim es una fiesta judía que recibe también el nombre de “el ayuno de Ester” y que se sigue celebrando hoy, aunque no haya sido una fiesta ordenada y establecida en la ley, sino una celebración para conmemorar la liberación de los judíos del exterminio urdido por el malvado Amán en contra de ellos durante el gobierno del rey persa Asuero. El origen del nombre de esta festividad proviene de la palabra hebrea pur que se traduce como “echar suertes” debido a que, en su conspiración contra los judíos y para establecer la fecha de su exterminio, Amán echó suertes para determinar un día de buen augurio para la destrucción de todos los judíos del imperio persa, como se nos informa en el penúltimo capítulo del libro de Ester: “Porque Amán hijo de Hamedata, el agagueo, el enemigo de todos los judíos, había maquinado aniquilar a los judíos y había echado el ‘pur’ ꟷes decir, la suerteꟷ para confundirlos y aniquilarlos… Por tal razón a estos días se los llamó ‘Purim’, de la palabra ‘pur’…” (Ester 9:24, 26). Una festividad que sirve también para recordar que la suerte no es una cuestión del azar, sino que nuestra suerte está en las manos bondadosas de Dios, como lo sabían bien los judíos al suscribir lo dicho en el libro de Proverbios: “Las suertes se echan sobre la mesa, pero el veredicto proviene del Señor” (Proverbios 16:33), convicción que llevó a David a declarar lo siguiente en relación con la porción que le correspondió en su vida en este mundo: “Tú, Señor, eres mi porción y mi copa; eres tú quien ha afirmado mi suerte” (Salmo 16:5)
Las suertes se echan sobre la mesa
“Dios no deja al azar el desenlace de la historia llevándola al cumplimiento de Sus propósitos, de modo que la suerte juegue a favor de los Suyos”






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