En la lectura pública y solemne que Esdras y Nehemías hicieron de la ley delante de todos los repatriados que regresaron a reconstruir a Jerusalén, mencionó incidentalmente la manera en que Dios cambió la maldición de Balán en bendición: “Aquel día se leyó ante el pueblo el libro de Moisés, y allí se encontró escrito que los amonitas y moabitas no debían jamás formar parte del pueblo de Dios; porque no solo no habían dado de comer ni de beber a los israelitas, sino que habían contratado a Balán para que los maldijera, aunque en realidad nuestro Dios cambió la maldición por bendición” (Nehemías 13:1-2). Asociado a este episodio se encuentran dos pueblos que, en cierto sentido, se encontraban bajo maldición en la ley, los dos justamente procedentes de dos personajes, Moab y Ben Amí, nacidos de una cuestionable relación incestuosa; la que tuvo lugar cuando, luego de la destrucción de Sodoma y Gomorra bajo el juicio divino, y huyendo apresuradamente de ellas ꟷexperimentando en el proceso la pérdida de su esposa por desobedecer la instrucción de no detenerse a mirar atrásꟷ, las hijas de Lot, bajo la presunción de que ya no quedaban hombres en la región que las desposaran y les dieran descendencia, embriagaron a su padre para tener relaciones sexuales con él y ser fecundadas por él, concibiendo a Moab y Ben Amí, ancestros de Moabitas y Amonitas respectivamente. Pero valga decir que la ley no los maldijo por esto, sino por su gratuita mala actitud y hostilidad sin fundamento hacia Israel en su peregrinaje hacia la tierra de Canaán
La maldición en bendición
“No hay por qué temer las maldiciones sin fundamento, no solo porque no tienen efecto, sino porque pueden ser transformadas por Dios en bendición”






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