La traición de Judas fue profetizada en el Antiguo Testamento de este modo: “Hasta mi amigo cercano, en quien yo confiaba y que compartía el pan conmigo, se ha vuelto contra mí” (Salmo 41:9). La referencia aquí a la traición de Judas es afirmada expresamente por el Señor: “»No me refiero a todos ustedes; yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla la Escritura: ‘El que comparte el pan conmigo, se ha vuelto contra mí’” (Juan 13:18). Como tal, la efectiva traición posterior de este apóstol al Señor Jesús mediante un beso hipócrita se convirtió en un episodio proverbial que tipifica y abarca todas las traiciones humanas, incluyendo nuestros pecados contra Dios que el teólogo R. C. Sproul caracterizaba como actos de “traición cósmica” contra nuestro Creador. Así, a más de su sufrimiento psicológico en Getsemaní y de su sufrimiento físico en su pasión y muerte en la cruz, Cristo tuvo que sufrir el profundo dolor de la traición de alguien cercano. Y dado que Judas se ahorcó presa del remordimiento, cabe preguntarse sobre los motivos que lo llevaron a traicionar al Señor. Parece ser que Judas, cercano al movimiento guerrillero de los zelotes, creyó en la causa liberadora de Cristo en sus aspectos políticos, pero nunca logró creer en Él como el Hijo de Dios que con su sacrificio nos redimiría de nuestros pecados, traicionándolo no sólo por amor al dinero, sino con la intención de ponerlo entre la espada y la pared y obligarlo a asumir el rol de liberador político de Israel que se negaba a asumir, frustrándose al ver un desenlace contrario a sus pronósticos
Hasta mi amigo se ha vuelto contra mí
"La traición de un amigo es una de las adversidades más dolorosas que nos depara este mundo caído y que Jesucristo tuvo que vivir en carne propia”






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