Mirar hacia el pasado con nostalgia para imaginar lo que pudo ser y no fue si hubiéramos tomado distintas decisiones en la vida, no tiene ninguna utilidad práctica diferente a conducirnos, cuando sea necesario, al arrepentimiento y la confesión por lo que pudimos haber hecho mal y nada más. Más bien, sea como fuere y con independencia de las conjeturas y especulaciones infructuosas sobre el rumbo real o imaginario que, ciertamente, hubieran podido seguir nuestras vidas de haber tomado decisiones distintas a las que en efecto tomamos, de lo que podemos estar seguros como creyentes es de que: “Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte ꟷque lo repita ahora Israelꟷ, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte cuando hubo gente que se levantó contra nosotros, nos habrían tragado vivos al encenderse su furor contra nosotros; nos habrían inundado las aguas, el torrente nos habría arrastrado” (Salmo 124:1-4). Porque la nostalgia por lo que pudo ser y no fue es víctima del sesgo por el que siempre podemos imaginar mejores escenarios que en el que nos encontramos actualmente, pero que no resuelve nada, sino que nos lleva a lamentarnos más por nuestra suerte actual cuando nos hallamos en situaciones aflictivas o no deseadas, a la vez que pierde de vista el hecho muy probable de que, de no haber estado Dios de nuestra parte, nuestra condición actual sería mucho más difícil, reflexión que pone en una perspectiva más real nuestro pasado y promueve en nosotros una actitud agradecida y esperanzada a pesar de las dificultades
El torrente nos habría arrastrado
"Si bien pensar en lo que hubiera podido ser y no fue no es provechoso, no hay duda de que sin Dios las cosas siempre hubieran sido más difíciles”






Hijo: este segmento de hoy es una semblanza de lo que a mi me ha acontecido. Al pie de la letra hasta la última frase. Y doy gracias a Dios porque ha sido en extremo benévolo conmigo.