El canto a la viña que encontramos en el libro del profeta Isaías dice así: “Cantaré en nombre de mi querido amigo una canción dedicada a su viña. Mi querido amigo tenía una viña en una ladera fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con las mejores cepas. Edificó una torre en medio de ella y además preparó un lagar. Él esperaba que diera buenas uvas, pero acabó dando uvas agrias. «Y ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, juzguen entre mi viña y yo. ¿Qué más se podría hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? Yo esperaba que diera buenas uvas; ¿por qué dio uvas agrias?” (Isaías 5:1-4). El dueño de la viña, Quien le ha brindado todos los cuidados del caso es Dios mismo, la viña es Israel y las uvas son los miembros individuales de la nación cuyo carácter no ha estado a la altura y deja mucho que desear. A su vez, en el evangelio encontramos la parábola de la viña en la que el enfoque varía para concentrar la atención, ya no en el carácter de la generalidad de los miembros de la nación, sino en el de sus dirigentes encargados de su cuidado, para denunciar y condenar el trato que ellos han tenido con los profetas enviados por Dios para enderezar el rumbo de la nación, maltratando y desoyéndolos a todos, hasta alcanzar el punto culminante de su perversidad con el asesinato del Señor Jesucristo, el propio Hijo del Dueño de la viña, con la intención de apoderarse de ella, justificando que fueran expulsados y despojados de la viña, invitándonos a reflexionar sobre nuestra relación con Dios y a evaluar si estamos produciendo el fruto esperado de ella
El canto a la viña
"El canto a la viña del profeta Isaías es la versión complementaria de la parábola de la viña narrada por el Señor Jesucristo en los evangelios”






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