Los horóscopos que hoy parecen tan inofensivos y que forman parte de la cultura popular en muchos medios de comunicación son, en realidad, una manifestación de paganismo supersticioso condenado firmemente por Dios en las Sagradas Escrituras desde la antigüedad. De hecho, los horóscopos son tal vez la manifestación más conocida de una superstición que se presenta más peligrosa por su pretensión de hacerse pasar por ciencia. Nos referimos a la astrología, es decir la creencia en que los astros ejercen influencia sobre la personalidad, los acontecimientos y el desenvolvimiento de la vida de las personas más allá de los efectos que, ciertamente, ejercen sobre la naturaleza material debido a las interacciones de las fuerzas gravitacionales y demás que la física sí ha logrado descubrir y establecer más allá de discusión. Pero a diferencia de la legítima astronomía a la que intenta plagiar, la astrología es en el mejor de los casos, una seudociencia o ciencia engañosa, sin respaldo en los hechos, que conduce invariablemente a la superstición. El Señor pronunció este juicio sobre quienes acuden a ella: “Quedarán expuestos al sol, a la luna y a todas las estrellas del cielo, a los que ellos amaron, sirvieron, consultaron y adoraron. No los recogerán ni los enterrarán; ¡como estiércol quedarán sobre la faz de la tierra!” (Jeremías 8:2). Es por eso que el buen rey Josías eliminó en su momento en las reformas por él emprendidas a los: “… sacerdotes idólatras que… quemaban incienso… al sol y a la luna, al zodíaco y a todos los astros del cielo” (2 Reyes 23:5)
Como estiércol sobre la faz de la tierra
"La Biblia advierte sobre los peligros y el carácter censurable de la astrología y los aparentemente inofensivos horóscopos a los que muchos acuden”






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