Hay sustantivos como la “astucia” o la “sagacidad” y verbos como “seducir” que han adquirido connotaciones peyorativas en el contexto cristiano, en el que se los asocia invariablemente con la pecaminosa perversidad y las dobles y oscuras intenciones, como sucede por ejemplo con la seducción llevada a cabo por la mujer adúltera que hace del seducido una víctima de ella: “Con palabras persuasivas lo convenció; con halagos de sus labios lo sedujo. Y él enseguida fue tras ella, como el buey que va camino al matadero; como el ciervo que cae en la trampa, hasta que una flecha le abre las entrañas; como el ave que se lanza contra la red, sin saber que en ello le va la vida” (Proverbios 7:21-23). Asimismo, muchos creyentes asocian equivocadamente la astucia o sagacidad con los impíos, cuando en realidad ésta es una facultad que puede utilizarse indistintamente, tanto al servicio del bien como del mal y que, por lo tanto, los creyentes también debemos cultivar como un aspecto más de la sabiduría que estamos llamados a adquirir. Y en cuanto a la seducción, también es una acción que no implica siempre dobles y ocultas intenciones, como sucede en el cortejo del amor romántico motivado por intenciones limpias, serias y responsables o, para no ir tan lejos, en la manera en que Dios convence a los suyos y los conduce a lo que Él quiere o ha determinado, sin violentar su capacidad de decisión en el proceso, como lo declara el profeta: “¡Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir! Fuiste más fuerte que yo y me venciste” (Jeremías 20:7)
Como el buey camino al matadero
"Facultades tales como la sagacidad y acciones como la seducción, si bien suelen ser pecaminosas, no lo son de manera necesaria en todos los casos”






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