Dado el alcance de la obra de Dios en el mundo y los ciclos de siembra y cosecha que caracterizan su accionar en la historia, junto con las numerosas generaciones involucradas en ello, debemos esmerarnos por sembrar una buena semilla y abonarla en el curso de nuestras vidas terrenales para que nuestras futuras generaciones puedan cosechar un buen fruto para ellos y continúen haciendo lo mismo para sus descendientes. La actitud irresponsable que busca obtener y garantizar beneficios o bienestar en el presente para nosotros a costa de la calidad de vida de nuestros hijos y nuestras futuras generaciones, además de ser egoísta y censurable, es un pobre consuelo y una victoria pírrica en la que los beneficios no compensan a la larga las pérdidas sufridas para obtenerlos y constituye una señal de mediocridad y conformismo individualista como la que manifestó el rey Ezequías cuando el profeta Isaías le anunció el juicio futuro sobre la nación y sus descendientes a manos del emergente poder de los babilonios, ante cuyos emisarios el rey se había dejado dominar por la vanidad y el orgullo ostentoso al exhibir ante ellos y mostrarles el esplendor de su palacio con todos sus tesoros, siendo amonestado por el profeta con el anuncio de que en el futuro Babilonia saquearía estos tesoros y llevaría cautivos a sus descendientes para servir al rey de Babilonia, ante lo cual Ezequías reaccionó así: “ꟷEl mensaje del Señor que tú me has traído es bueno ꟷrespondió Ezequías. Y es que pensaba: «Al menos mientras yo viva, habrá paz y seguridad»” (Isaías 39:8)
Al menos mientras yo viva
"Aunque nosotros disfrutemos en vida de la bendición de Dios, debemos actuar responsablemente para que nuestros descendientes también la disfruten”






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