Siguiendo con la ciudad de Tiro en su época de mayor esplendor y su profetizada caída, Ezequiel nos da estos detalles adicionales: “Pero ahora el mar te ha hecho pedazos, ¡yaces en lo profundo de las aguas! Tus mercancías y toda tu tripulación se hundieron contigo. Por ti están horrorizados todos los habitantes de las costas; sus reyes tiemblan de miedo, y en su rostro se dibuja el terror. Atónitos se han quedado los comerciantes de otros países. ¡Tu fin ha llegado! ¡Nunca más volverás a existir!’»” (Ezequiel 27:34-36). Hay, pues, que aclarar que esta ciudad estuvo levantada sobre dos asentamientos diferentes y separados el uno del otro: el primero, la ciudad marítima en la costa oriental del mar Mediterráneo al norte de Israel y el otro, la ciudad insular situada más al occidente en una isla que se hallaba ya en el mar más allá de la costa, protegida, entonces, por un estrecho de mar entre la isla y el continente. Nabucodonosor conquistó y tomó la ciudad costera en el continente, pero no pudo apropiarse de sus tesoros que, durante el largo asedio de 13 años, fueron trasladados por mar a la Tiro insular. Sin embargo, 250 años después Alejandro el Grande, conquistó la aparentemente inexpugnable Tiro insular construyendo una calzada a través de casi un kilómetro del mar Mediterráneo, hasta la isla, utilizando las ruinas y escombros de las murallas de la Tiro costera, sitiándola, destruyéndola y arrasándola mar adentro en el corto lapso de siete meses, dando cumplimiento al anuncio profético pronunciado siglos antes
Yaces en lo profundo de las aguas
"La caída de la ciudad de Tiro no figuraba en los cálculos de nadie por su esplendor y la aparente inexpugnabilidad de su emplazamiento en alta mar”






Deja tu comentario