La Biblia identifica dos lugares que fueron muy importantes en la cultura agrícola de los pueblos de la antigüedad, incluyendo entre ellos a los judíos. Se trata del lagar y la era. El lagar era el lugar adaptado para pisar la uva ya cosechada, recoger su jugo y producir vino mediante su fermentación. La era, por su parte, consistía en el lugar abierto en el que se trillaba el trigo y se obtenía el grano separándolo posteriormente de la paja. Dios recurre metafóricamente a estos dos lugares: el lagar y la era para ilustrar su juicio sobre los pecadores contumaces e impenitentes. La era se menciona en relación con el juicio de Babilonia: “Porque así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel: «La bella Babilonia es como una era en el momento de la trilla; ¡ya le llega el tiempo de la cosecha!»” (Jeremías 51:33) para indicar que Dios es el Señor de la cosecha que, en el momento establecido, examina y separa el grano de la paja. La aparentemente invencible y orgullosa Babilonia, ostentosa de su esplendor y poder, llegaría también al punto en que Dios la trillaría por sus pecados. La imagen buscaba causar un impacto indeleble: aquello que parecía tan sólido y próspero es reducido a polvo por el juicio divino. A pesar de que se tarde, Dios actúa en el tiempo preciso de la cosecha y no hay poder humano capaz de resistir el momento en que Dios decide llevar a cabo Su juicio. Todos pasaremos por nuestra “era”, en las que nuestras obras e intenciones serán examinados, pues la misericordia de Dios con Su pueblo no anula de ningún modo su justicia para con todos los hombres por igual
Como era en el momento de la trilla
"La era fue vital en la antigüedad como el lugar para trillar el trigo, actividad que evocaba de manera figurada la destrucción y el juicio de Dios”






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