La señal del cinturón de lino es una de esas acciones efectistas ordenadas por Dios a los profetas ꟷen este caso a Jeremíasꟷ para impactar de manera especial a Su pueblo y que hacía que los profetas se vieran a veces como personajes excéntricos ante quienes los observaban. Si bien esta acción fue de carácter más privado y no público, como si lo fueron otras tantas que encontramos en el Antiguo Testamento en cabeza de estos personajes, fue muy ilustrativa, pues muestra el deseo de Dios de llevarnos con Él, ajustados y ceñidos estrechamente a Él en saludable y provechosa obediencia para que nos vaya bien y podamos cosechar todas las bendiciones que nos tiene reservadas. Lamentablemente, el pueblo de Israel no quiso permanecer ceñido y ajustado a Él, sino que, al igual que el cinturón de lino del profeta, se echó a perder, por lo que Dios se pronunció así en relación con ellos: “Este pueblo malvado, que se niega a obedecerme, que sigue la terquedad de su corazón y va tras otros dioses para servirlos y adorarlos, será como este cinturón, que no sirve para nada. Porque así como el cinturón se ajusta a la cintura de una persona, así procuré que todo Israel y todo Judá se ajustaran a mí ꟷafirma el Señorꟷ, para que fueran mi pueblo y mi renombre, mi honor y mi gloria. ¡Pero no obedecieron!’” (Jeremías 13:10-11). Mantener, pues nuestro ser ceñido estrechamente a Dios en comunión íntima con Él y ajustando nuestra conducta a sus mandamientos es el camino para llegar a mostrar que somos, en efecto, Su pueblo que manifiesta Su renombre, Su honor y Su gloria
Será como este cinturón
"Cuando no estamos dispuestos a ceñirnos y ajustarnos como deberíamos a la voluntad de Dios, al final nuestra vida llegará a ser inútil e infructuosa”






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