El anuncio hecho por el profeta como vocero de Dios en el sentido de que: “«Me di a conocer a los que no preguntaban por mí; dejé que me hallaran los que no me buscaban. A una nación que no invocaba mi nombre, dije: ‘¡Aquí estoy, aquí estoy!’” (Isaías 65:1), halla su cumplimiento en el evangelio y la inclusión irrestricta de los paganos o gentiles dentro del pueblo de Dios en la iglesia del Nuevo Testamento, dejando sin piso el exclusivismo judío por el que esta nación se consideraba la única elegida por Dios con la exclusión permanente de todas las demás. Ahora bien, la revelación de Dios a quienes no preguntaban por Él ni lo invocaban indica fundamentalmente la iniciativa de Dios en el proceso, pues si bien es cierto que Dios se ha revelado ocasionalmente a los que, literalmente, no preguntaban por Él ni tenían especiales ni sentidos intereses espirituales o religiosos, saliéndoles al paso de forma ineludible, como lo hizo con el profeta mercenario Balán que no pudo seguir sacándole el cuerpo a su encuentro con Dios en la especie de “encerrona” que Él le hizo y lo confirma también el comunista francés André Frossard, quien describe así su conversión en su libro Dios existe, yo me lo encontré: “Dios existe porque yo lo encontré, porque me tropecé bruscamente con él cuando ni siquiera lo buscaba”, lo cierto es que independiente de si manifestamos o no intereses espirituales, encontrar a Dios e incluso el hecho mismo de buscarlo es consecuencia de que Él nos eligió ya y salió previamente a nuestro encuentro al margen de cualquier acción nuestra al respecto
Dejé que me hallaran los que no me buscaban
"La gracia de Dios es tal para con los Suyos que se da a conocer y se deja hallar por ellos aunque no estuvieran buscándolo ni preguntando por Él”






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