La búsqueda fundamental del ser humano es, o debería ser al menos, la búsqueda de Dios. Pero esta búsqueda, si bien no es necesariamente infructuosa, sí puede terminar en el fracaso cuando parte de postulados equivocados. El primero de ellos es presumir que quien se encuentra perdido es Dios y no nosotros. El segundo, que nos lanzamos a buscarlo en lugares o experiencias equivocadas y distantes de Él, sin relación con Él y extrañas e incluso contrarias a Su carácter. El tercero, que si somos honestos, no buscamos propiamente a Dios sino tan sólo los beneficios o bendiciones que asociamos a Él y que presumimos que Él nos puede brindar. Y el último, que no lo hacemos con todo nuestro corazón, es decir, que para la generalidad de las personas éste no es ni mucho menos el primero y principal propósito de su vida, como debería serlo, pues como lo dijera Marcos Vidal en una de sus canciones: “Si es cierto que existe Dios será importante encontrarle… que sólo se vive una vez, una vez…”. Únicamente corrigiendo estos postulados equivocados nuestra búsqueda llegará a su término, conforme a la exhortación divina: “Busquen al Señor mientras se deje encontrar, llámenlo mientras esté cercano” (Isaías 55:6), teniendo también de Su parte la garantía de que si así lo hacemos, con humildad y disposición al dócil y confiado sometimiento a Él en Cristo, al final lo encontraremos, como también lo anuncia el profeta: “Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón” (Jeremías 29:13), para la dicha eterna de todos los que procedan así en sus vidas
Busquen al Señor mientras se deje encontrar
"La búsqueda de Dios fracasa porque parte del postulado equivocado que piensa que el que está perdido es Dios, cuando los perdidos somos nosotros”






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