La Biblia nos exhorta a mantenernos enfocados en las cosas en las que vale la pena, perseverando en ellas con la mayor excelencia a nuestro alcance. En este propósito la cantidad es inversamente proporcional a la calidad, pues en nuestra intención de abarcar demasiado podemos caer en la tentación de emprender varios proyectos innecesarios al mismo tiempo para, en el afán entusiasta de hacer muchas cosas, correr el riesgo de no concluir ninguna con la seriedad y el compromiso que merecen, con la consecuente frustración e insatisfacción y la desconfianza en nuestras propias capacidades que las puede acompañar. Por eso: “Vale más el fin de algo que su principio. Vale más la paciencia que la arrogancia” (Eclesiastés 7:8), pues la culminación de un proyecto vale más que el entusiasmo al iniciarlo, perseverando enfocados en ello sin dejarnos dispersar por las distracciones o desanimar por las dificultades. La paciencia es un factor clave en este propósito que nutre y acompaña de manera necesaria la disciplina y la concentración en lo que hacemos para sortear la tentación del desánimo. Por eso, no debemos sobreestimar con arrogancia nuestra capacidad de hacer muchas cosas a la vez, tratando de abarcar más de lo que realmente somos capaces de manejar con dedicación, siendo reflexivos y estratégicos al abordar nuestros proyectos. Con cada tarea completada con excelencia, se construye un camino de crecimiento personal, y más importante aún, un testimonio de nuestra fidelidad y compromiso con lo que Dios nos ha llamado a hacer
Vale más el fin de algo
"Es mejor acabar los proyectos que comenzamos, así sean pocos, que emprender muchos proyectos sin lograr terminar ninguno de ellos de forma exitosa”






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