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Hasta de reírse duele el corazón

"La risa no siempre obedece a una auténtica y sana alegría, sino a motivaciones carnales cuestionables que alimentan la frivolidad y la banalidad”

La risa y la alegría o la felicidad no son siempre equivalentes ni van necesariamente juntas, como tampoco el llanto y la tristeza tienen en todos los casos una conexión de causa. Las reacciones físicas, biológicas y corporales en el ser humano no corresponden rígidamente a las emociones y sensaciones internas que habitualmente las acompañan y con las que se encuentran comúnmente asociadas. Cuando las motivaciones que la producen son frívolas y superficiales u obedecen a intereses egoístas, mezquinos e incluso perversos, no pasan de ser una engañosa y frágil fachada que se resquebrajará y dejará ver las cosas como son más temprano que tarde. Es por eso que en el libro de Proverbios encontramos varias declaraciones de este estilo que ponen en evidencia lo dicho: “Hasta de reírse duele el corazón y hay alegrías que acaban en tristezas” (Proverbios 14:13). Así, la risa no siempre refleja un gozo genuino. A veces, nos reímos por motivos superficiales o vacíos, motivados por la vanidad o la necesidad de aparentar. Es posible que en medio de una carcajada ruidosa, se esconda un vacío interno que no encuentra consuelo en lo superficial y en la búsqueda de placeres momentáneos que no satisfacen lo profundo de nuestra alma y que lo único que persiguen es esconder y diferir un poco el dolor crónico del corazón, como máscaras para ocultar el sufrimiento interior. Y es que aquella alegría que no tiene raíz en valores profundos o en una conexión auténtica con lo que es bueno y verdadero, tarde o temprano lleva a la tristeza, pues la verdadera felicidad nace del amor, la paz interior y el bienestar que provienen de una vida llena de propósito y temor de Dios.

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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