Si bien es cierto que la pobreza material por sí sola no es una virtud ni una garantía para ser beneficiarios del favor de Dios, pues los pobres no por serlo son automáticamente justos, sí es cierto que la pobreza más que cualquier otra condición humana viene acompañada con mucha más frecuencia de la virtud de la humildad y que en los ricos, famosos y poderosos la humildad es muy escasa y mucho más difícil de encontrar. Y dado que Dios “toma en cuenta al humilde y reconoce de lejos al orgulloso” (Salmo 138:6) la llamada “opción preferencial” por los pobres que los teólogos de la liberación atribuyen a Dios tal vez no se pueda afirmar de manera dogmática y absoluta, pero si tiene un gran peso de probabilidad a su favor. Es por eso que, sea como fuere, las injusticias cometidas contra los pobres por parte de los poderosos no quedaran impunes, ya sea ahora o después, y que el Dios justo toma en cuenta con toda la seriedad del caso el derecho de los necesitados, como lo afirma el salmista: “Yo sé que el Señor hace justicia a los pobres y defiende el derecho de los necesitados” (Salmo 140:12). Así, pues, de un modo u otro, a través de las instancias y tribunales de justicia establecidos para este fin y conducidos tras bambalinas por Dios para dictar sentencias justas, o incluso al margen de ellos como sucedió en el caso del malvado rey Acab en relación con su abuso de poder en contra de Nabot, haciéndolo ejecutar injustamente para apoderarse de su viñedo, la justicia de Dios a favor de los pobres y necesitados puede tardarse, pero al final siempre llega sobre los culpables
El Señor hace justicia a los pobres
"La pobreza es una condición vulnerable susceptible a los atropellos e injusticias de los poderosos que Dios no olvida y retribuirá en su momento”






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