“Dios es amor” (1 Juan 4:8, 16), es una de las declaraciones bíblicas referentes a Dios más conocidas por fuera de la iglesia y no sólo al interior de ella y es, junto con la declaración que afirma que “Dios es espíritu” (Juan 4:29), tal vez las dos únicas afirmaciones bíblicas que se refieren al ser de Dios o a su esencia ontológica, es decir lo que Él es ꟷal margen y sin perjuicio de la encarnación de Cristo como hombreꟷ, más que a los atributos que posee y que de cualquier modo también lo caracterizan. Por esta causa, el amor es algo a lo que Dios no puede renunciar. El ama por el simple hecho de ser Quien es y no podría dejar de hacerlo nunca sin dejar de ser Dios. De hecho, el amor mismo se define por referencia a Dios y todas sus expresiones y manifestaciones entre los seres humanos ꟷfacultados para amar por el hecho de haber sido creados a la imagen y semejanza de Diosꟷ, por imperfectas que puedan ser, proceden en último término de Él, llámense afecto, amistad, romance o caridad, el amor más inclusivo e incluyente de todos que los abarca a todos los demás y les brinda su toque de sensatez, colocándolos en su justo lugar, proporción y saludable relación entre sí. Así, pues, uno de los motivos que nos debe llevar a alabar y exaltar a Dios y a estar permanentemente agradecidos con Él es el que el salmista repite insistentemente como un estribillo en el salmo 136 y que se afirma 43 veces en el Antiguo Testamento de las cuales 35 de ellas se hallan en los salmos: “Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre” (Salmo 136:1)
Su gran amor perdura para siempre
"El gran amor de Dios perdura para siempre, pues constituye su propia y más personal esencia y es el vínculo que nos une de la manera más estrecha”






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