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Aceptando nuestra mortalidad

“Aceptar las cosas que no está en nuestras manos evitar es señal de sabiduría y madurez, pero no el resignarnos a ellas sin intentar cambiarlas”

Volviendo con la “oración de la serenidad” que acude a Dios en estos términos: “Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia”;una de las cosas que debemos aceptar sin intentar cambiarla ni dedicarle esfuerzos infructuosos al asunto es la declarada por Job: “Entonces dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!». A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios” (Job 1:21-22). En efecto, aceptar nuestra mortalidad, entendiendo que estamos de paso en este mundo y que, en cierto sentido, desde que nacemos comenzamos a morir, es una señal de sabiduría, junto con la toma de conciencia de que al morir no podremos llevarnos con nosotros nada de lo que hayamos podido acumular en el curso de nuestras vidas. Los seres humanos estamos sometidos por igual a la edad biológica de todos los demás seres vivos en este mundo que al nacer, crecer, multiplicarse y morir cumplen ya su ciclo vital. Pero la edad cronológica del ser humano excede este propósito, pues en especial ahora con los avances científicos, tecnológicos y culturales alcanzados en el presente, vivimos mucho más de lo necesario para cumplir este propósito, por lo cual deberíamos utilizar nuestro tiempo en este mundo antes que nada para “glorificar a Dios” y lograr así “disfrutar de Él para siempre”, como lo indica la Confesión de Fe de Westminster

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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