Más allá de las reflexiones críticas que hoy puedan hacerse al papel de la mujer en los harenes de las cortes de los pueblos del antiguo Medio Oriente desde la óptica feminista occidental, como la corte persa en este caso, lo cierto es que el problema con la reina Vasti fue el precedente público que estableció en relación con las costumbres de la época: “En presencia del rey y de los nobles, Memucán respondió: ꟷLa reina Vasti no solo ha ofendido a Su Majestad, sino también a todos los nobles y a todos los pueblos de todas las provincias del rey Asuero. Porque todas las mujeres se enterarán de la conducta de la reina, y esto hará que desprecien a sus esposos, pues dirán: ‘El rey Asuero mandó que la reina Vasti se presentara ante él, pero ella no fue’. El día en que las mujeres de la nobleza de Persia y de Media se enteren de la conducta de la reina, responderán de la misma manera a todos los nobles de Su Majestad. ¡Entonces no habrá fin al desprecio y a la discordia!” (Ester 1:16-18). El poder de un precedente público conocido no se puede, pues, menospreciar, tanto para mal, como para bien. Porque en ambos casos puede terminar iniciando procesos de cambio y marcando derroteros para quienes observan y subvertir el orden social para empeorar o para mejorar. Así, un precedente puede ser algo providencial, es decir orquestado por Dios, o perverso, promovido por Satanás. No en vano en el aspecto legal, la jurisprudencia en su sentido más restringido se basa en precedentes
Sentando precedentes
“El problema con la mala conducta de personas públicas eminentes es el precedente que pueden establecer para que los demás terminen imitándolas”






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