Fingir sentimientos, deseos o aspiraciones que no corresponden con lo que estamos experimentando es algo vano y condenable delante de Dios, como lo hacía el pueblo de Israel al consultar a Dios con intenciones manipuladoras: “«Hijo de hombre, estas personas han hecho de su corazón un altar de ídolos y han puesto piedras de tropiezo que los hacen pecar. ¿Cómo voy a permitir que me consulten? Por tanto, habla con ellos y adviérteles que así dice el Señor y Dios: ‘A todo israelita que haya hecho de su corazón un altar de ídolos y que, después de haber colocado a su paso piedras de tropiezo que lo hagan pecar, consulte al profeta, yo el Señor le responderé según la multitud de sus ídolos. Así cautivaré el corazón de los israelitas que por causa de todos esos ídolos se hayan alejado de mí’.” (Ezequiel 14:3-5). La hipocresía del pueblo al consultar a Dios era censurable, pues encubrían bajo una fachada de piedad su apelación a Él con un corazón ya inclinado hacia lo que deseaban oír y no hacia lo que Dios quería decirles, buscando validación y no dirección, pidiendo consejo con los oídos cerrados y la voluntad ya decidida. Pero a Dios no podemos engañarlo. Él responde “según la multitud de sus ídolos” para dar a los hipócritas lo que merecen. Algo similar a lo sucedido al malvado rey Acab al consultar a Dios por medio de una multitud de profetas complacientes que le auguraban éxito, en contravía con el auténtico consejo de Dios a través de Micaías, verdadero profeta de Dios que le decía la verdad que él no quería escuchar porque era contraria a sus deseos
Un altar de ídolos
"Cuando buscamos con hipocresía la dirección de Dios Él entrega a los hipócritas a sus propias inclinaciones engañosas, perjudiciales y destructivas”






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