La Biblia registra en los evangelios la tentación de Cristo y en uno de estos relatos se nos informa que: “Así que el diablo, habiendo agotado todo recurso de tentación, lo dejó hasta otra oportunidad” (Lucas 4:13). De esta declaración podemos deducir dos cosas. En primer lugar, que no fue la única ocasión en que Cristo fue tentado. Y en segundo lugar, que a pesar de no ser la única vez, Cristo no estaba siendo constantemente tentado. El diablo y los demonios nos acechan, ciertamente, a los creyentes, pero no estamos bajo su ataque continuo, sino que la tentación y los ataques se nos dirigen en oleadas, cada cierto tiempo y con intervalos de tranquilidad entre ellos, como sucedió con los repatriados judíos que regresaron con Esdras y Nehemías a reconstruir Jerusalén y que, luego del intento inicial de sus enemigos de infiltrarlos para malograr desde adentro esta iniciativa ꟷintento rechazado en su momento por Esdrasꟷ, volvieron luego a intentarlo con Nehemías sobornando a algunos judíos como Semaías y Noadías, entre otros, para que lo intimidaran con falsas profecías para hacerlo desistir de su tarea: “Y es que me di cuenta de que Dios no lo había enviado, sino que se las daba de profeta porque Sambalat y Tobías lo habían sobornado. En efecto, lo habían sobornado para intimidarme y hacerme pecar siguiendo su consejo. Así podrían hablar mal de mí y desprestigiarme. «¡Dios mío, recuerda las intrigas de Sambalat y Tobías! ¡Recuerda también a la profetisa Noadías y a los otros profetas que quisieron asustarme!»” (Nehemías 6:12-14)
Lo habían sobornado para intimidarme
“Los enemigos de la causa de Dios intrigan y maquinan de muchas maneras para desanimar al pueblo de Dios y hacerlo desistir de sus deberes y tareas”






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