La advertencia del Señor en el sentido de que: “… En este mundo afrontarán aflicciones” (Juan 16:33) involucra a todos sin excepción, creyentes incluidos, de tal modo que, independiente del grado, la intensidad o la mayor o menor gravedad y duración de ella, a todos nos tocará afrontar en este mundo alguna dosis de aflicción en la que nuestra fe sea puesta a prueba. Por supuesto, la obediencia a Cristo por parte del creyente tiene el potencial de reducir sustancialmente esta posibilidad, pues también es un hecho en las Escrituras y en la experiencia humana que buena parte de las aflicciones que eventualmente nos pueden sobrevenir son la consecuencia y el producto directo de nuestras malas decisiones y pecados, por lo que la obediencia puede sortear y evitar una buena cantidad de aflicción, ꟷtal vez la mayor parte de ella y en especial la disciplina que Dios se ve obligado a ejercer sobre Sus hijos desobedientesꟷ, permitiéndonos disfrutar las bendiciones temporales prometidas por Dios a los obedientes. Sin embargo, hay una clase de aflicción a la que los cristianos están particularmente expuestos: la persecución por causa de su fe. Esto explica la declaración de los hijos de Coré en el sentido de que: “Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!” (Salmo 44:22), citada por el apóstol en Romanos 8:36 que hace puntual referencia a los mártires de la fe a lo largo de la historia de la iglesia, aclarando, sin embargo, que el martirio no es la norma en cuanto al resultado de la obediencia, sino la excepción a ella que confirma la norma
Como ovejas para el matadero
"Los mártires no son la norma que ilustra el resultado de la obediencia a Dios por parte de los creyentes, sino la excepción que confirma la norma”






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