“Hijo del hombre” fue la expresión preferida con la que el Señor Jesucristo se refirió en tercera persona a Sí mismo en los evangelios. Ahora bien, en la Biblia encontramos que esta expresión fue utilizada por Dios para dirigirse a algunos de sus siervos, los profetas, en el Antiguo Testamento, en especial al profeta Ezequiel, para transmitirle Su revelación a los hombres, como podemos leerlo: “Esa voz me dijo: «Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte»” (Ezequiel 2:1). Así, cuando Cristo se presenta a Sí mismo como “el Hijo del hombre”, el teólogo R. C. Sproul lo comenta de este modo: “Algunos suponen que por modestia Él dejó de lado otros títulos más excelsos, eligiendo este como humilde medio de identificarse con la humanidad de baja condición… pero el título, tal como funciona en el Antiguo Testamento, es cualquier cosa menos humilde… la opinión general histórica es que Jesús adopta el significado de la expresión Hijo del Hombre según se encuentra en la obra visionaria de Daniel… Aquí el Hijo del Hombre es un ser celestial, figura trascendente que descenderá a la tierra a desempeñar la parte de juez supremo”. Por tanto, la expresión “Hijo del hombre” no es la contraparte de la expresión “Hijo de Dios” atribuida también a Él, sino que ambas hacen referencia a Su divinidad, pues en el pasaje del libro de Daniel mencionado por Sproul dice: “…he aquí que en las nubes del cielo venía alguien como un Hijo del Hombre… Todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su dominio es dominio eterno que no se acabará; y su reino, uno que no será destruido” (Daniel 7:13-14)
Como un hijo del hombre
"La expresión ‘hijo de hombre’ en la Biblia tiene un significado más profundo del que pudiera pensarse a primera vista, dependiendo del contexto”






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