Tarsis era un lugar citado con relativa frecuencia en el Antiguo Testamento, en muchas ocasiones en la expresión “barcos de Tarsis”, como lo hace por ejemplo el profeta: “Profecía contra Tiro: ¡Giman, barcos de Tarsis!, porque fueron destruidas su casa y su puerto. Desde la tierra de Chipre les ha llegado la noticia” (Isaías 23:1). El contexto indica que, más que el origen de estas grandes embarcaciones, con esta expresión se aludía a barcos de gran calado, capaces de largas travesías por mar y de llegar a las regiones más lejanas del mundo de la época. Y dado que los llamados “pueblos del mar” ꟷentre los que se destacan los fenicios que tenían en Tiro y en Chipre algunos de sus más importantes asentamientosꟷ, eran expertos y prósperos navegantes que se enriquecían con el comercio y que, como lo hizo la rica ciudad de Tiro, habían establecido cerca de trescientas colonias mediterráneas en el norte de África y unas doscientas en el sur de España; estos pueblos disponían de grandes flotas de “barcos de Tarsis” que podían llegar hasta la propia Tarsis, identificada como la ciudad de Tartessos, en el sur de España, lugar lejano al que quiso huir el profeta Jonás por encontrarse en el extremo opuesto de Nínive, a la que se resistía a ir. Tarsis era también un lugar rico en minería y minerales de fundición que estos barcos transportaban, aumentando las riquezas de estos navegantes y comerciantes orgullosos que confiaban más en sus riquezas y poder económico que en Dios, confianza que ocasionó su debacle cuando el juicio de Dios llegó sobre ellos
¡Giman, barcos de Tarsis!
"Tarsis es una región que se ubicaba en España, en el extremo occidental más distante del mundo conocido y como tal adquiere su simbolismo bíblico”






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