La justicia humana tiene su fundamento en principios más profundos que simplemente las normas sociales o las leyes impuestas por las autoridades. En su origen, la justicia refleja el orden divino, que se manifiesta en el equilibrio y la armonía que Dios ha establecido en la creación. Las leyes naturales, que gobiernan el funcionamiento del universo, son el marco sobre el cual los seres humanos han construido sus sistemas legales. La justicia, por lo tanto, no es una creación humana arbitraria, sino un reflejo de la perfección divina en lo que en derecho se conoce como el ius naturale o derecho natural. En Proverbios 16:11, se nos recuerda “Las pesas y las balanzas justas son del Señor; todas las medidas son hechura suya”, lo que significa que toda medida que se considere justa debe estar alineada con el funcionamiento de los estándares divinos en la naturaleza. La justicia verdadera no puede ser manipulada ni alterada, como las balanzas que deben ser equilibradas de acuerdo con principios inmutables. Todo en el universo está dispuesto por Dios con medida, número y peso, un orden preciso que sostiene la creación misma. Así, la justicia entre los seres humanos debe reflejar ese mismo orden y precisión, reconociendo que el principio de justicia proviene de Dios y está intrínsecamente relacionado con el orden que Él ha dispuesto en el mundo. Cuando actuamos con justicia, estamos alineando nuestras acciones con las leyes divinas que gobiernan el universo. La justicia no es una cuestión humana, sino una manifestación del orden y la sabiduría divinas
Las pesas y balanzas justas son del Señor
"La justicia entre los seres humanos se apoya en convenciones adoptadas con base en el funcionamiento de las leyes naturales establecidas por Dios”






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