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Se complace en la oración de los justos

"Si bien la Biblia estimula nuestras oraciones, no todas las oraciones son bien recibidas por Dios, sino únicamente las que proceden de los justos”

La oración es el medio por excelencia para conectarnos con Dios. La Biblia nos exhorta a la oración de muchas maneras, pero nos advierte que no todas las oraciones son igualmente escuchadas. La diferencia al respecto radica en la condición del corazón de quien ora. No basta con pronunciar palabras, sino que estas deben salir de un corazón recto, sincero y dispuesto a vivir conforme a la voluntad de Dios. Por eso: “El Señor aborrece los sacrificios de los malvados, pero se complace en la oración de los justos” (Proverbios 15:8). En efecto, si bien todos podemos tener acceso a Dios a través de la oración, no todos nuestros intentos de acercarnos a Él son bien recibidos por Él. El sacrificio, en este caso, representa las acciones y prácticas rituales externas que, aunque tienen apariencia de piedad, carecen de autenticidad por no ir acompañadas de un corazón justo y no ser más que un intento de manipulación. Dios no se agrada de oraciones hechas solo por cumplir un rito con un corazón lleno de maldad. Las oraciones aprobadas por Él son las que brotan de una vida que busca la justicia, la verdad y la santidad. La oración se trata de la disposición a ser transformados para bien y aceptar lo que Dios determine para nosotros, una vez le formulamos nuestras peticiones y derramamos con toda la honestidad y humildad del caso nuestro corazón delante de Él. La oración que Dios aprueba es la que refleja la disposición de agradarlo en todo. Esa es la que tiene el poder de tocar el corazón de Dios y que lo mueve a actuar en nuestro favor como expresión de una auténtica fe y sujeción a Él

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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