Si bien los bienes materiales son necesarios para sustentar la vida y poder contar con una provisión digna en aspectos tales como la vivienda, el vestuario y la comida, de tal modo que tener nuestras necesidades medianamente cubiertas en estos aspectos no deja de ser una bendición de lo alto, y con mayor razón si se tienen cubiertas con abundancia y sobrada solvencia, como sucede con los que el mundo califica como “ricos”; también lo es que éste es tan solo uno de los aspectos que constituyen la riqueza desde la más amplia e incluyente perspectiva revelada en la Biblia, y con mucha probabilidad, no es tampoco el aspecto más importante. El concepto de prosperidad en la Biblia abarca, entonces, mucho más que la riqueza material e incluye la tranquilidad de una conciencia limpia producto de la satisfacción del deber cumplido en todas las áreas de nuestra responsabilidad y desempeño, la salud física y las buenas relaciones, con Dios en primer lugar, pero también con quienes nos rodean, en especial con los miembros de nuestra familia y todos aquellos a quienes apreciamos y amamos, contando entonces también con su recíproco respeto y afecto. Es con base en estos bienes inapreciables e intangibles que el autor sagrado declara: “Hay quien pretende ser rico y no tiene nada; hay quien parece ser pobre y todo lo tiene” (Proverbios 13:7), pues como lo dice la sabiduría popular, hay gente tan pobre que lo único que tiene es dinero, a lo cual podríamos añadir que hay gente tan rica que lo único que la falta es dinero, poniendo las cosas en la perspectiva adecuada al respecto
Pretende ser rico y no tiene nada
"El criterio para medir la riqueza no debería ser el dinero y las posesiones que tenemos, sino las cosas que tenemos que no cambiaríamos por dinero”






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