La oración es una actividad que involucra matices diversos y sutiles expresados mediante los términos que pueden considerarse sinónimos de ella, pero que cuando se examinan con detalle, tienen cada uno de ellos significados levemente distintos tales como la súplica, el ruego y el clamor, todos ellos en el contexto de las peticiones que dirigimos a Dios, ya sea por nosotros o por los demás, en lo que conocemos también como intercesión. La súplica enfatiza un poco el componente de humildad y sumisión en la oración. El ruego, el respeto y la sentida apelación al favor y la gracia y buena voluntad de aquel a quien dirigimos nuestros ruegos. Algunos indican un matiz más que distinguiría a la súplica del ruego, como lo es el hecho de que en la primera se pide lo que se espera, anhela o necesita, ya sea en justicia o como gracia, mientras que en el ruego se pide lo que se espera únicamente por gracia. Y el clamor es esa oración extrema en que la intensidad algo desesperada y agónica con la que oramos nos lleva en estos casos a elevar nuestra voz en una especie de grito angustioso, como si fuera nuestro último recurso para obtener la atención y el favor de alguien, en este caso, Dios, como lo manifestaba el salmista de este modo: “A voz en cuello, al Señor pido ayuda; a voz en cuello, al Señor pido compasión” (Salmo 142:1). En este sentido el clamor tiene mucha relación con el verbo implorar, que sugiere el llanto y la extrema vehemencia al elevar oraciones de petición. Sea como fuere, todas ellas son formas de oración legítima que se superponen en la vivencia del creyente
A voz en cuello
"El clamor es la oración agónica que elevamos a Dios cuando sentimos que no podemos aguantar más, concentrando en él las fuerzas que nos quedan”






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