Israel no estuvo exento de angustias, pero en medio de ellas Dios siempre lo fortaleció interviniendo para que su fe prevaleciera, de modo que no fueran vencidos por las circunstancias adversas cuando éstas les sobrevinieron, como lo declara el salmista tomando la vocería del pueblo: “Mucho me han angustiado desde mi juventud ꟷque lo repita ahora Israelꟷ, mucho me han angustiado desde mi juventud, pero no han logrado vencerme” (Salmo 129:1-2). La tradición reformada designa como la “perseverancia de los santos” a la voluntad del creyente para perseverar en su fe en medio de la adversidad, sin abandonarla y sin dejar de confiar en Dios, a pesar de las dificultades. Esta misma tradición también afirma que la perseverancia no es en realidad un mérito del creyente, sino de Dios obrando sutilmente sobre su voluntad y fortaleciéndolo para perseverar, sosteniendo, entonces, que es Dios Quien nos preserva para que podamos perseverar, siendo, pues, la perseverancia una evidencia de que Dios no nos abandona y de que todo lo que nos sucede está dentro de sus cálculos, de tal manera que las aprensiones, ansiedades y angustias que las aflicciones puedan generar en nosotros, nunca excederán la capacidad que Dios nos otorga para sobreponernos a ellas, pues: “… ninguna prueba les ha sobrevenido que no pueda considerarse humanamente soportable. Dios es fiel y no permitirá que sean puestos a prueba más allá de sus propias fuerzas; al contrario, junto con la prueba les proporcionará también la manera de superarla con éxito” (1 Corintios 10:13 BLPH)
Pero no han logrado vencerme
"Las angustias, ansiedades, aprensiones y aflicciones que este mundo nos depare nunca podrán vencer la fe y la confianza en Dios de los creyentes”






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