La Biblia habla de los “dioses”, por contraste con el único Dios vivo y verdadero ꟷen singular y con mayúsculaꟷ que se revela en ella y en Jesucristo. La mención de los “dioses” en la Biblia es, pues, de polémica y de denuncia y no de confirmación de ningún modo. Es decir que, por el hecho de que la Biblia reconozca la existencia de “dioses” no significa que en realidad crea que lo son y que, como tales, puedan representar alguna competencia o seria amenaza contra Dios más allá del rango en que Dios mismo les permita operar en su soberana sabiduría. El único sentido en que la Biblia avala su existencia ꟷpero en ningún caso su divinidad en estricto rigorꟷ, es en la medida en que los ángeles en general, criaturas espirituales poderosas y de carácter personal creadas también por Dios, se designan a veces en la Biblia con el término hebreo Elohim, que es el primer nombre propio, y uno de los más numerosos, con el que Dios se revela a si mismo en la Biblia. Así, pues, si bien Dios es Elohim, en ciertos contados pasajes se hace referencia a los ángeles con este término que se traduce, entonces, generalmente como “dioses” en plural y con minúscula. Y dado que una significativa proporción de estos elohim se rebelaron contra Dios, uno de los propósitos principales de estos rebeldes elohim es usurpar el lugar exclusivo de Dios entre los hombres, tratando de hacerse pasar ellos mismos por Dios ante nuestros ojos. Pero al final: “¡Grande es el Señor y digno de alabanza, más temible que todos los dioses! Todos los dioses de las naciones son ídolos, pero el Señor ha hecho los cielos” (Salmo 96:4-5)
Más temible que todos los dioses
"El contraste entre los dioses de los pueblos y el Dios verdadero es enorme e insalvable, pues es el que existe entre las criaturas y el Creador”






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