La longevidad de los patriarcas antediluvianos en la Biblia es tanta que los escépticos la niegan por considerarla imposible desde la óptica actual, a pesar de que, aparte del promedio de edad alcanzado por el ser humano en el curso de la historia a lo largo de los últimos milenios, no existen pruebas en contra y, por el contrario, otros documentos antiguos de otras culturas también hacen referencia a épocas pasadas de gran longevidad para la raza humana. Ahora bien, en la Biblia esta longevidad de casi mil años en algunos casos, decrece rápidamente después del diluvio. Para la época de Moisés, quien llegó a la edad de ciento veinte años, el promedio de vida era ya similar al de nuestros días, pues este patriarca declaró: “Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo, solo traen problemas y penas: pronto pasan y volamos” (Salmo 90:10). Ciertamente, desde el punto de vista de la estadística los promedios de vida de épocas mucho más recientes, en la edad media y en la misma modernidad, son significativamente menores que éste, por lo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos que una larga vida como la que marcan los personajes más longevos de una época no es la experiencia de todos, sino tal vez de una minoría. Y aunque una larga vida es considerada a priori como una bendición de Dios, solo lo es en realidad cuando una mediana calidad de vida la acompaña. Si no, puede ser más bien penosa e indeseable, como lo dio entender también Moisés en su momento
Pronto pasan y volamos
"Las expectativas de vida del ser humano caído se redujeron y estabilizaron sin experimentar especiales ni significativas variaciones desde entonces”






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