En la Biblia hay diferencias entre el accionar del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento y el Nuevo que tienen que ver con el hecho de que en el Antiguo Testamento el Espíritu trabaja de una manera externa, desde afuera del individuo. Si bien es cierto que venía provisionalmente sobre personas seleccionadas para dotarlas con diferentes tipos de poderes para diferentes propósitos, lo hacía de tal modo que Su presencia en ellos era para realizar una obra puntual y no para morar en ellos. En palabras de Herbert Lockyer: “Aunque andaba entre los hombres, no habitaba en ellos… Su venida en el Antiguo Testamento era intermitente, pero en el Nuevo Testamento el Cristo glorificado lo envió como un don permanente a los suyos”. Esta característica del ministerio del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento es unánimemente reconocida por los teólogos en general, pero a manera de ejemplo podemos señalar en 1 Samuel 16:14 en relación con el rey Saúl: “El Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y en su lugar el Señor le envió un espíritu maligno para que lo atormentara” y la oración de David en el salmo 51 cuando le pide a Dios: “No me alejes de tu presencia ni me quites tu Santo Espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu de obediencia me sostenga” (Salmo 51:11-12), pues ésta era una posibilidad siempre real en el Antiguo Testamento para quienes eran beneficiarios en un momento dado de alguna manifestación evidente del Espíritu, por contraste con el Nuevo Testamento, a partir del cual: “… estará en ustedes” (Juan 14:17)
No me quites tu Santo Espíritu
"La presencia del Espíritu Santo en la vida del cristiano difiere en aspectos puntuales de Su presencia en los creyentes del Antiguo Testamento”






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