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Segmentos

La ciudad del gran Rey

"Jerusalén fue designada por Dios como Su ciudad por excelencia y como tal permanecerá por toda la eternidad en medio de todas sus vicisitudes”

La ciudad de Dios por excelencia en la Biblia es Jerusalén, escogida por Él como el lugar en que habitaría de manera especial en la medida en que en ella se encontraba el templo fijo que Dios ordenó construir como el lugar autorizado para ofrecerle el culto y la adoración a Él debida en los términos adecuados, correctos y seguros, justificando su asociación con Dios: “Grande es el Señor y digno de suprema alabanza; en la ciudad de nuestro Dios está su monte santo. Hermosa colina, es el gozo de toda la tierra. El monte Sión, en el extremo norte, es la ciudad del gran Rey” (Salmo 48:1-2). A lo largo de la historia la ciudad ha estado sometida a muchas vicisitudes desde que fue conquistada por el rey David y constituida como la capital de su reino, siendo asediada en varias ocasiones por sus enemigos, y conquistada y destruida, junto con su templo, por dos imperios diferentes: el babilónico en cabeza de Nabucodonosor que la destruyó en el año 587 a. C., luego de lo cual fue reconstruida por los judíos que regresaron del exilio babilónico, solo para volver a ser destruida por el imperio romano bajo el mando del emperador Tito en el año 70 d. C. A partir de entonces su historia no deja de ser convulsionada y el dominio sobre ella ha sido alternado y codiciado por muchos actores del escenario político y religioso que ha caracterizado estos siglos y desde el restablecimiento de la nación de Israel en el año 1.948 d. C. en la historia reciente, ha vuelto a estar mayormente bajo el dominio judío a la espera de su restauración total con el regreso de Cristo y el descenso a la tierra de la nueva Jerusalén

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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