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La vanidad de Amán

“La vanidad es una forma de orgullo que no es tan inofensiva y puede, pues, terminar jugándonos malas pasadas, dejándonos expuestos y avergonzados”

La vanidad es una forma de orgullo infantil, pues depende mucho de lo que los demás piensen de nosotros y es, por lo tanto, muy fluctuante, haciendo depender nuestro sentido de amor propio de las opiniones de los demás, como en el caso de Amán, de quien leemos que: “Cuando entró Amán, el rey le preguntó: ꟷ¿Cómo se debe tratar al hombre al que el rey desea honrar? Entonces Amán dijo para sí: «¿A quien va a querer honrar el rey sino a mí?»” (Ester 6:6). Al enterarse, posteriormente, que el rey Asuero no estaba hablando de él, como Amán en su vanidad lo imaginó, sino de Mardoqueo, a quien Amán odiaba, y que la responsabilidad de honrarlo de la manera en que el mismo se lo sugirió al rey, pensando en que era él de quien el rey hablaba, recaería sobre el propio Amán, que tendría que humillarse y honrar entonces a quien odiaba; el ánimo de Amán cayó al piso al comenzar a ver cómo su conspiración contra Mardoqueo y los judíos se venía al traste y se ponía en su contra. Así, pues, la vanidad, por infantil que sea, no es algo para tomar a la ligera, no sólo por la posibilidad de quedar expuesto y avergonzado de esta manera, sino porque pronto puede degenerar en el orgullo de las personas tan pagadas de sí mismas y con un concepto de sí mismos tan alto y desproporcionado que ya no les importa ni siquiera la opinión de los demás, a quienes terminan despreciando, y en relación con quienes lo único que les importa es la manera de servirse de ellos, utilizándolos para sus propósitos egocéntricos de autoexaltación

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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