El odio, la confianza y la resolución del malvado Amán en el éxito de su plan para exterminar a los judíos era tal que terminó, como se dice popularmente: “ensillando el caballo antes de comprarlo”. En efecto, una de las medidas que tomó Amán a instancias de las personas cercanas a él fue levantar una horca reservada para colgar en ella en su momento a Mardoqueo, el odiado judío que no se inclinaba delante de él y cuya actitud lo impulsó a urdir todo su malvado plan para exterminar a los judíos súbditos del imperio persa en todos los territorios bajo su dominio: “Su esposa Zeres y todos sus amigos le dijeron: ꟷHaz que se coloque una horca de cincuenta codos de altura, y por la mañana pídele al rey que cuelgue en ella a Mardoqueo. Así podrás ir contento al banquete con el rey. La sugerencia agradó a Amán y mandó que se colocara la horca” (Ester 5:14). Pero el giro providencial de los acontecimientos llevó a que, al final, el propio Amán fuera ejecutado en la horca preparada para Mardoqueo: “Y Jarboná, uno de los eunucos que atendían al rey, dijo: ꟷHay una horca de cincuenta codos de altura, junto a la casa de Amán. Él mandó colocarla para Mardoqueo, el que intervino en favor del rey. ꟷ¡Cuélguenlo en ella! ꟷordenó el rey. De modo que colgaron a Amán en la horca que él había mandado levantar para Mardoqueo. Con eso se aplacó la furia del rey” (Ester 7:9-10), confirmando lo dicho por el salmista cuando declaró que: “Al Señor se le conoce porque imparte justicia; el malvado cae en la trampa que él mismo tendió” (Salmo 9:16)
El malvado cae en su trampa
“Amán es uno de los mejores ejemplos de que los malvados terminan a la postre cayendo en las trampas que ellos mismos han colocado para los demás”






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