La epístola de Pablo a los Gálatas es conocida como la carta magna de la libertad cristiana. En efecto, en ella se enfatiza y exalta la libertad con que Cristo nos ha hecho libres al redimirnos de la esclavitud del pecado, exhortándonos a valorar, conservar y ejercer esta libertad de manera responsable y en conciencia, pues: “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1), ya sea confundiendo, por un lado, la libertad con el libertinaje: “Les hablo así, hermanos, porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones…” (Gálatas 5:13), pero sobre todo, cambiando la esclavitud al pecado por la esclavitud a la ley conocida como legalismo, a semejanza de lo sucedido con los israelitas pobres de la época de Nehemías, que luego de ser rescatados de la esclavitud en manos de los paganos por los nobles y gobernantes judíos, eran esclavizados de nuevo mediante deudas y la imposición de intereses agobiantes y usureros: “Y, después de reflexionar, reprendí a los nobles y gobernantes: ꟷ¡Es inconcebible que sus propios hermanos les exijan el pago de intereses! Convoqué además una gran asamblea contra ellos y allí les recriminé: ꟷHasta donde nos ha sido posible, hemos rescatado a nuestros hermanos judíos que fueron vendidos a los paganos. ¡Y ahora son ustedes quienes venden a sus hermanos, después de que nosotros los hemos rescatado! Todos se quedaron callados, pues no sabían qué responder” (Nehemías 5:7-8)
Reincidiendo en la esclavitud
“Es inadmisible que a quienes Dios ya ha redimido y liberado de la esclavitud del pecado la iglesia los vuelva a someter a un yugo de esclavitud”






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