La vocación profética no consiste solo en palabras de juicio, sino que tiene antes que nada el propósito de reparar y sostener. Dios reprocha con dureza a los falsos profetas de Israel porque, lejos de fortalecer al pueblo, lo engañaban con visiones de su propia inspiración: “Así dice el Señor omnipotente: ‘¡Ay de los profetas insensatos que, sin haber recibido ninguna visión, siguen su propia inspiración! ¡Ay, Israel! Tus profetas son como chacales entre las ruinas. No han ocupado su lugar en las brechas ni han reparado los muros del pueblo de Israel para que en el día del Señor se mantenga firme en la batalla” (Ezequiel 13:3-5). Eran oportunistas que manipulaban las circunstancias, sacando provecho del desastre y sin hacer nada por reconstruir lo estropeado, abandonando su responsabilidad de interceder, proteger y edificar. Un llamado que se extiende a cada cristiano dentro de la iglesia, pues no estamos llamados solo a contemplar y denunciar el deterioro moral y espiritual a nuestro alrededor, sino a ocupar nuestro lugar en las brechas, los lugares vulnerables por los que el enemigo busca entrar. Reparar muros implica restaurar relaciones, afirmar la verdad, levantar al caído y defender la fe. Cada creyente tiene un rol en ese muro que rodea al pueblo de Dios. Callar por comodidad o hablar sin sensibilidad nos convierte en profetas insensatos. No basta con lamentar el estado de las cosas; hay que levantarse y ocupar la brecha con oración, integridad y acciones fieles en obediencia. Porque el día del Señor vendrá, y el muro debe estar firme
Reparar los muros y ocupar las brechas
"Al igual que los verdaderos profetas, los cristianos en la iglesia tienen la responsabilidad de reparar los muros y ocupar su lugar en las brechas”






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