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La piedrecita blanca y el nombre nuevo

“Un cambio de nombre llevado a cabo por Dios indica un cambio en el carácter de la persona en cuestión, junto con un designio providencial para ella”

En la tradición judía los nombres personales revestían gran importancia, a tal punto que no se asignaban, como en la cultura occidental actual, por su sonoridad o estética auditiva, sino por su significado, designando circunstancias determinantes de la vida de la persona o de su carácter que condicionaban su personalidad y actuaciones, como en el caso de los nombres dados a los doce hijos de Jacob o los cambios de nombre efectuados, por ejemplo, en Abram por Abraham: “»Tú, Señor y Dios, fuiste quien escogió a Abram. Tú lo sacaste de Ur de los caldeos y le pusiste por nombre Abraham. Descubriste en él un corazón fiel e hiciste con él un pacto. Prometiste que a sus descendientes darías la tierra de los cananeos, de los hititas, amorreos y ferezeos, de los jebuseos y gergeseos. Y cumpliste tu palabra porque eres justo” (Nehemías 9:7-8), y también de su esposa Sarai por Sara, o de Jacob por Israel en el Antiguo Testamento o Simón por Pedro (Cefas en arameo) y Saulo por Pablo en el Nuevo Testamento, entre otros. Los nombres estaban, pues, asociados al carácter de las personas, por lo que un cambio de nombre implicaba un cambio, por lo general favorable, en el carácter de la persona y una nueva tarea asignada por Dios a ella. Tal vez esto explique la promesa de Dios a los Suyos cuando nos anuncia lo siguiente: “»El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que salga vencedor le daré del maná escondido y le daré también una piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo que solo conoce quien la recibe” (Apocalipsis 2:17)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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