La influencia e importancia de la Biblia es de tal magnitud que, además de haber sido el primer libro en ser impreso en la recién construida imprenta de Gutenberg que revolucionó la cultura humana y nos permitió dejar atrás la Edad Media para dar lugar en el renacimiento a la Edad Moderna; también fue el primer libro en traducirse completamente de un idioma a otro. Este honor le corresponde a la Biblia conocida como la Septuaginta, hecha por la comunidad judía de la antigua ciudad de Alejandría en Egipto, una traducción de todo el Antiguo Testamento en hebreo que constituye la Biblia judía, al griego del Nuevo Testamento, versión de la Biblia utilizada de forma masiva y casi oficial por la iglesia cristiana primitiva y de la que citan todos los autores del Nuevo Testamento. Pero ya antes encontramos en la misma Biblia el registro de una labor de traducción de ella por cuenta de los levitas, registrada así en el libro de Nehemías: “Los levitas Jesúa, Baní, Serebías, Jamín, Acub, Sabetay, Hodías, Maseías, Quelitá, Azarías, Jozabad, Janán y Pelaías le explicaban la Ley al pueblo, que no se movía de su sitio. Ellos leían con claridad el libro de la Ley de Dios y lo interpretaban de modo que se comprendiera su lectura” (Nehemías 8:7-8). En efecto, esta labor de “interpretación” era en realidad una traducción del hebreo bíblico que muchos de los judíos repatriados ya no entendía, al arameo que se hablaba como lengua franca en el Medio Oriente de la época, siendo esta labor, además, el origen de los llamados “Tárgumes” o comentarios judíos a la Biblia en arameo
Los tárgumes
“La traducción de la Biblia de los originales a los variados idiomas conocidos siempre ha sido fundamental para acceder a ella y mantenerla vigente”






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