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Orgullo o humildad

“El amor propio nos sirve para combatir la baja auto estima, pero a su vez la humildad nos sirve también para combatir el orgullo”

Así como una baja autoestima no es buena ni recomendable para la forma de pensar de ningún individuo humano, llegando a generar en quienes son víctimas de ella imágenes equivocadas de sí mismos y actitudes serviles hacia los demás que no son más que un remedo de las actitudes ejemplares de humilde servicio que el cristianismo promueve; así tampoco una elevada autoestima es sinónimo del saludable y bien balanceado amor propio que el evangelio también fomenta en los creyentes. Se equivoca, entonces, el actual movimiento de autoayuda con sus discursos y sermones motivacionales, tanto fuera como dentro de la iglesia, que han hecho de la promoción de la autoestima su santo grial y su principal interés práctico, contribuyendo al surgimiento de personas egocéntricas y ególatras, con un más alto concepto de sí mismas que el que deberían tener y que, en nombre de la autoestima, lo que terminan es cultivando el condenable orgullo en sus vidas. Por el contrario, el auténtico amor propio es en la Biblia la base y el referente para nuestro amor y actitud de servicio humilde hacia los demás, como lo vemos en el mandato de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, en donde el adverbio “como” matiza y le brinda el toque de sensatez a nuestro amor al prójimo y también a nuestra actitud de humilde servicio a los demás: “No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás” (Filipenses 2:3-4)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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