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La responsabilidad de los pastores

“La corrupción de los pastores es la peor pues al corromperse no lo hacen solos, sino que influyen y afectan a muchos tras de sí”

Decía Cornelius Plantinga Jr. que: “La corrupción de los mejores es la peor”. Ciertamente, por efecto del libre albedrío, el potencial para el bien es directamente proporcional al potencial para el mal en todo ser humano. Así, pues, la presencia en alguien de un gran potencial para el bien conlleva siempre el riesgo de un gran potencial para el mal en la misma persona, mientras que en los individuos mediocres su limitado potencial para el bien implica también un limitado potencial para el mal. Pero la mediocridad es tan fastidiosa e insulsa que al crearnos, Dios prefirió asumir el riesgo de un gran mal con tal de hacer posible también un gran bien en cada uno de nosotros. Sin embargo, por cuenta de la masificación, la mediocridad se impone, como lo ilustró C. S. Lewis al imaginar una escena en el infierno en que un destacado demonio propone un brindis en cuyo discurso se queja de la mediocridad generalizada de los condenados que llegan y señala, a manera de consuelo: “… la abundancia de capturas por nuestra parte. Aunque la comida sea insípida, no corremos peligro de pasar hambre”, concluyendo que: “Vendrá un tiempo seguramente en que… no tendremos necesidad de preocuparnos en absoluto de la tentación individual. Si atrapamos el cabestro, el rebaño entero vendrá tras él”. Es por eso que la corrupción de los mejores es la peor. Porque los mejores, para bien o para mal, siempre se destacan por encima del nivel de la mediocridad y arrastran a muchos tras de sí, como lo declara el profeta: “… Hiere al pastor para que se dispersen las ovejas…” (Zacarías 13:7)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Estoy casado con Deisy y tengo dos hijos: Mateo y María José. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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