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Segmentos

Abriéndole las puertas a Dios

“Cuando Dios toca a nuestras puertas lo ofendemos más abriéndolas a medias que no abriéndolas de par en par como Él lo merece”

Si Dios no tiene el primer lugar en nuestras vidas, entonces tiene el último, pues Dios no puede ser relegado a lugares secundarios sin que lo ofendamos al hacerlo. Y sucede así también cuando nos relacionamos con Dios en la persona de Cristo rindiéndole nuestra vida a medias y reservándonos para nosotros, de manera deliberada, aspectos de ella en los que seguimos conduciéndonos como queremos y en contravía con su voluntad, sin permitir que Él los ilumine y transforme para bien. Porque con Cristo es todo o nada, es decir que o le rendimos a Él toda nuestra vida sin reservas y sin restringirle el acceso a ningún área o aspecto de nuestro ser, o en realidad no le estamos entregando nada. El resultado de esto es que terminamos suscribiendo una fe tibia, expresamente condenada en las Escrituras en estos gráficos términos: “Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3:16). Por todo lo anterior, si hemos de darle a Dios de manera consciente y voluntaria un lugar en nuestra vida, debe ser el principal, pues Él es tan grande que no puede entrar en nuestros corazones a menos que le abramos de par en par sus puertas, como corresponde a Su gloria: “Eleven, puertas, sus dinteles; levántense, puertas antiguas, que va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es este Rey de la gloria? El Señor, el fuerte y valiente, el Señor, el valiente guerrero. Eleven, puertas, sus dinteles; levántense, puertas antiguas, que va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es este Rey de la gloria? Es el Señor Todopoderoso; ¡él es el Rey de la gloria!” (Salmo 24:7-10)

Arturo Rojas

Cristiano por la gracia de Dios, ministro del evangelio por convicción y apologista por vocación. Estoy casado con Deisy y tengo dos hijos: Mateo y María José. Hice estudios en el Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca y me licencié en teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y de Logos Christian College. Cursé enseguida una maestría en Divinidades y estudios teológicos en Laud Hall Seminary y, posteriormente, fui honrado con un doctorado honorario por Logos Christian College.

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